Palabras del Sr. Rafael Cuestas, Coordinador Internacional de Programa del UNFPA

Estimada Mariela Castro, Presidenta…

Hace cincuenta años, la Conferencia Internacional de Derechos Humanos de las Naciones Unidas resolvió, en la Proclamación de Teherán el 13 de mayo de 1968, que “los padres tienen el derecho humano básico de determinar de forma libre y responsable el número de hijos y el espaciamiento entre ellos”, lo que abrió las puertas para el reconocimiento a nivel internacional de la planificación familiar como un derecho y no como un mecanismo de control de la población.

Dentro de muy pocos días, el próximo 11 de Julio, estaremos conmemorando ese acontecimiento y hablaremos de planificación familiar y de cómo trabajar por un mundo en que cada persona joven, ejerciendo ese derecho, pueda alcanzar su pleno desarrollo.

Por eso nos satisface enormemente la posibilidad de haber compartido los debates de este Octavo Congreso de Educación, Orientación y Terapia Sexual en La Habana, que puso su mirada en la escuela, en las aulas, como importantísimos espacios socializadores para la formación de una sexualidad responsable en adolescentes y jóvenes, con enfoque de género y de derechos.

Casi un cuarto de siglo después de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD), celebrada en 1994 en El Cairo, Egipto, desde el Fondo de Población de las Naciones Unidas seguimos defendiendo que hubo un antes y un después de ese momento en la historia de la atención a los desafíos de la población del mundo.

En El Cairo, los derechos y la salud reproductiva, la sexualidad humana, el reconocimiento del género como expresión sociocultural, la salud de la mujer y la maternidad sin riesgo adquirieron relevancia, por primera vez, en la agenda global del desarrollo. En su Plan de Acción se aportó una mirada más humana e integral al análisis de los asuntos de población, que consta como preludio, semilla, de muchos retos que nos ocupan en la actualidad, como es el caso de la Educación Integral de la Sexualidad (EIS).

Durante los últimos años, la región de América Latina y el Caribe ha sido protagonista de importantes progresos en el reconocimiento de la Educación Integral de la Sexualidad como un derecho humano fundamental, indivisible del derecho a la educación y clave para el efectivo disfrute de los derechos a la vida, a la salud, a la información y a la no discriminación, entre otros, según ratificara en 2010 el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la educación.

Un paso esencial en este camino fue la Declaración “Prevenir con Educación”, acordada en México, en 2008, en la cual los Ministros de Educación y Salud de la región aprobaron un marco de referencia compartido acerca de la Educación Integral en Sexualidad, donde esta fue definida desde una amplia perspectiva basada en los derechos humanos y en el respeto a los valores de una sociedad plural y democrática en la que las familias y las comunidades se desarrollan plenamente, y que reconoció que este proceso incorpora aspectos éticos, biológicos, emocionales, sociales, culturales y de género, así como temas referentes a la diversidad de las orientaciones e identidades sexuales conforme al marco legal de cada país” .

Contamos en la región, además, con una valiosa plataforma de acción, el Consenso de Montevideo, aprobado en la I Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo, en el cual se reconocen plenamente los derechos y la salud sexual y reproductiva, el derecho a tomar decisiones libres, informadas y responsables, el respeto a la orientación sexual e identidad de género y a la no discriminación; la necesidad de programas dirigidos a los hombres para involucrarlos cada vez más en los procesos vinculados a la salud sexual y reproductiva, la educación de la sexualidad para adolescentes y jóvenes y la recomendación a los Gobiernos a revisar sus leyes sobre la interrupción voluntaria del embarazo, entre otros importantes acuerdos.

Al mismo tiempo, la Estrategia Regional de Educación Integral de la Sexualidad, aprobada en 2014 por el Fondo de Población, ha representado un valioso instrumento para la toma de decisiones y acciones a nivel regional y nacional, incluyendo una línea de trabajo relativa al monitoreo y la evaluación, con el propósito de asegurar que los programas y currículos de EIS cuenten con mecanismos que arrojen información oportuna acerca de sus avances, logros y dificultades, y permitan conocer su pertinencia, eficiencia, eficacia, sostenibilidad e impacto.

En paralelo, en el marco de estos congresos cubanos convocados por el CENESEX, hemos venido apoyando reuniones en 2012 y 2015, donde expertos, junto a actores de la academia, los gobiernos y la cooperación internacional, han construido consensos y ratificado los compromisos con las herramientas globales y regionales ya existentes; pero incorporando un conjunto de acuerdos relativos al avance de la Educación Integral de Sexualidad, sustentada en los derechos humanos, el enfoque de género y la apertura a la diversidad.

Esos encuentros también han llegado a acuerdos clave acerca de la necesidad de generar metas e indicadores que permitan monitorear y evaluar los programas y estrategias de EIS en América Latina y el Caribe, de acuerdo a los diferentes escenarios y contextos.

Sin embargo, las lecciones aprendidas y discutidas con amplitud durante estos últimos días demuestran que los niveles de avance han sido disímiles y no exentos de obstáculos. América Latina y el Caribe continúa siendo la región más inequitativa del mundo, aunque se registran discretos avances en la eliminación de la pobreza y en la distribución del ingreso en comparación con la pasada década.

Hoy en día la maternidad en la adolescencia, la necesidad insatisfecha de planificación familiar, la persistencia de la mortalidad materna por causas prevenibles, y la tendencia al incremento de las ITS, incluido el VIH/sida, son problemáticas que se asocian a esas marcadas desigualdades sociales y a la complejidad de la pobreza que afecta a América Latina y el Caribe.

Pero además, a la región también le ha tocado enfrentar retrocesos en la articulación del derecho a la educación integral de la sexualidad en los programas educativos estatales de no pocos países, por obra y gracia de la influencia de grupos conservadores y religiosos, con fuertes apoyos desde espacios de poder.

En ese sentido, los debates de este 8vo Congreso nos confirman certezas que desde el UNFPA hemos venido defendiendo, posicionando.
La Educación Integral de la Sexualidad es necesaria, imprescindible, para asegurar el sano desarrollo sexual y reproductivo de adolescentes y jóvenes, y promover los conocimientos, actitudes, valores y habilidades prácticas que les permitan desarrollar opiniones informadas acerca de su sexualidad.

Los programas de EIS que se enfocan en los derechos humanos, equidad de género y empoderamiento —y que fomentan la participación de los estudiantes— han mostrado mejoras en el conocimiento y autoconfianza, cambio positivo de actitudes y normas de género, fortalecimiento de la toma de decisiones y las habilidades de comunicación, y un mayor uso de anticonceptivos en adolescentes sexualmente activos.

Para ello, sin embargo, hay que avanzar en una serie de aspectos como la capacitación del personal docente y extra docente, la necesidad de intersectorialidad en la implementación de los programas, y el establecimiento de alianzas múltiples para lograr resultados más efectivos, como se ha identificado en los debates de estas jornadas.

Sin dudas, el logro de los resultados esperados en este camino depende de la confluencia de múltiples y complejos factores, como las dinámicas propias del contexto político, sociocultural y económico de cada país, la voluntad política y el compromiso de los gobiernos y los actores sociales, la consolidación de alianzas y sinergias efectivas, el apoyo técnico y financiero disponible, las capacidades instaladas en las instituciones, grupos y personas que conducen los procesos educativos formales y no formales, entre otros.

Por eso queremos aplaudir la confluencia en este congreso de apoyos múltiples, tanto desde la cooperación internacional -bilateral y multilateral-, pero también desde diversas instituciones académicas, estatales y organizaciones de la sociedad civil cubana, que nos han permitido abrir muchas más ventanas a la integración y la complementariedad en el camino de la Educación Integral de la Sexualidad.

En particular, queremos celebrar la alianza con la UNESCO para debatir cuáles son los mejores caminos en la búsqueda de estrategias para la difusión y utilización de las Orientaciones Técnicas Internacionales sobre Educación en Sexualidad de Naciones Unidas, en los diferentes contextos de la región.

Igualmente, no queríamos dejar pasar la oportunidad de felicitar calurosamente al CENESEX por su treinta aniversario y ratificarles que pueden seguir contando con el Fondo de Población de Naciones Unidas para seguir trabajando por los derechos, la educación y la salud sexual de las personas, “sin dejar a nadie atrás”.

En ese espíritu, exhortamos a cada una de las personas que han participado de los debates de estos días a llevarse a sus países, a sus espacios de trabajo, cada idea y propuesta interesante, partiendo de la certeza de que la Educación Integral de la Sexualidad en nuestra región es una inversión para el desarrollo económico y social, y para el desarrollo humano sostenible.

Centro Nacional de Educación Sexual

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