El vínculo de apego y otros “mandamientos”

Existen leyes imprescindibles a la hora de criar, educar y cuidar a otra persona, que favorecen el adecuado proceso de crecimiento, en el que aparecen múltiples y complejas cuestiones como el llamado vínculo de apego.

Para profundizar en ellas Eniuska Hernández Cedeño, profesora auxiliar del Departamento de Formación Básica de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, ofreció esta entrevista.

Durante la conversación, la especialista en Psicología Clínica y Género, Educación de la Sexualidad y Salud Reproductiva alertó sobre importantes elementos como el grado de sensibilidad que se requiere para captar las señales que envían, por ejemplo, niños, niñas y adolescentes.

¿En qué consiste el fenómeno conocido como vínculo de apego?

En la historia de la psicología, sobre todo en investigaciones relacionadas con el desarrollo infantil, se constató el valor que tiene la madre o el padre para su niño o niña. Esto tuvo varias interpretaciones desde el psicoanálisis y otras teorías psicológicas y se denominó apego.

El apego no es más que ese estrecho lazo entre bebé y cuidador principal, que determina que las personas acudan a su guardián o guardiana cada vez que se presenten situaciones de estrés que amenacen el equilibrio, por ejemplo, cuando se enfrentan a entornos desconocidos u ocurren separaciones entre los principales miembros del seno familiar.

En estos casos aparecen determinadas manifestaciones comportamentales en los infantes, como llantos desesperados, miedo, retraimiento o aislamiento, hasta que el niño o niña percibe que la persona se alejó definitivamente y asume esa distancia.

Con el apego podemos denominar un fenómeno que se manifiesta en las relaciones parentales-filiales o en aquellas entre una persona y su cuidador o cuidadora, vínculos que responden a condiciones bien particulares.

En la actualidad se discute el hecho de que si las personas desarrollan un apego inseguro en su infancia lo más probable es que lo reproduzcan en sus relaciones íntimas, a medida que crecen, mostrándose temerosas u ansiosas ante el abandono o la separación.

¿Cómo establecer límites saludables?

Los límites son esas fronteras presentadas por los adultos al comportamiento infantil, esas osis de permisos y restricciones que guían la conducta de niños, niñas y adolescentes.

Cuando un individuo nace la realidad aparece de manera caótica y desordenada y son los adultos y adultas los encargados y encargadas de proporcionarle un sentido a la misma mediante los límites, que funcionan como guiones que se activan, automáticamente, en determinadas situaciones.

Hay que ser muy precisos pues los límites no deben ser ambiguos, ni confusos. Estos tienen que ser situados de manera firme, con autoridad y convencimiento, sin gritar, por sujetos que estén convencidos de qué hacen y por qué.

Los padres y cuidadores deben ser consistentes para que estas demarcaciones no estén expuestas a cambios de situación, y menos si estos se producen a partir de la reacción del niño, niña u adolescente. Eso sí, tampoco deben tomar posiciones extremas: ni muy autoritarios, ni muy permisivos.

Una recomendación que les doy es que cuando exista alguien que deba presentar un límite y no esté seguro de cómo hacerlo, lo deje en manos de alguien más. Es mejor retirarse a tiempo que perder la legitimidad.

¿Qué rol desempeña el diálogo en este proceso?

El diálogo constituye la principal forma de expresión de la comunicación oral, por lo que cada vez que se establezca un límite este debe ir acompañado de conversaciones y explicaciones, que serán mayores en la medida en que el sujeto crece.

Pienso, por ejemplo, en niños o niñas en edad escolar, con un lenguaje e intelecto bastante rico, o en los y las adolescentes, con un nivel superior de desarrollo, quienes demandan mayores y mejores argumentos.

¿De qué manera madres y padres pueden transformar patrones y conductas sexistas que dañan el desarrollo justo y equitativo de sus hijos e hijas?

Primero les corresponde ganar conciencia frente a tales comportamientos y cuánto estos coartan el desarrollo de la personalidad de un ser humano, pues conllevan relaciones de poder e inequidad que limitan los vínculos familiares, amorosos y sociales.

Superada la fase de reconocimiento deben revisar, críticamente, los valores en los que fueron educados para detectar aquellos elementos que reproducen sexismo y otras actitudes discriminatorias.

Si no siguen estos pasos puede ser que cuando construyan los modelos para educar a sus hijos e hijas repitan tendencias negativas aprendidas en el pasado.

Lo más importante yace en que se privilegie la individualidad en términos de las posibilidades, necesidades e intereses de cada persona, según su edad y personalidad. Aunque tampoco se trata de renunciar a los modelos, debido a que estos permiten establecer comparaciones y trazar ideales que son necesarios para la conformación de un ser humano pleno y completo.

Lo idílico sería que la gente se respetase y aceptase sin interesarse en cuestiones anatómicas o fisiológicas.

¿Por qué es importante compartir las tareas del hogar?

En el hogar, el espacio más inmediato en que existe todo ser humano, lo que podamos hacer resultará decisivo. Si desde muy temprana edad se presenta de forma natural esta repartición de tareas y responsabilidades todo fluirá.

Abogamos por la justicia y la equidad y que la familia constituya una representación a menor escala de la sociedad.

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