La aventura de una teología sin violencia (II)

Como parte de la lectura liberadora de la Biblia que hace ICM ¿cómo asume estos elementos de violencia y discriminación que aparecen en los textos y la tradición cristiana?

Nosotros y nosotras en ICM rescatamos a personas que se le da muerte a diario por parte de la violencia y la exclusión. Trabajamos en pos de la unión entre espiritualidad y sexualidad, entendiendo que es desde el deseo que la subjetividad establece el contacto con el mundo, lo que hace de este una construcción social.

Comprender a Dios desde los grupos excluidos, como las mujeres, las personas  LGTBIQ, negras, indígenas o con discapacidad, es tratar de romper con un círculo hermenéutico que ha naturalizado roles sexuales y sociales, femeninos y masculinos, violentos.

Roles que responden a la interpretación de un Dios cuya imagen se asemeja al sujeto masculino, blanco, fuerte, en plena capacidad física y mental, o a la versión de una virgen femenina asexuada y casta como símbolo de la pureza y la moralidad femenina.

Esto es algo que ha impactado fuertemente en la sociedad secular y afecta no solo a los cristianos y cristianas, sino a todos y todas.

Existe un vacío en la sociedad, que al poner lo erótico vinculado con la sexualidad como un tema privado, excluye la posibilidad de comprenderla en las esferas públicas, incluso cuando es justamente en los espacios públicos que lo erótico y la sexualidad se construyen en el imaginario, a través de la simbología, los tabús y los diferentes lenguajes.

La teología es discurso y es representación de un imaginario. Por esa razón, apuntar a lo erótico como sagrado exige creatividad para mirar lo que hasta ahora estuvo silenciado, demonizado, pero también sirve para denunciar lo que no funciona, como son los contenidos de la teología cristiana que durante siglos se han nutrido del imaginario heterosexual masculino, y que han servido para que la Iglesia se constituyera como un mecanismo de control social y de la sexualidad.

El concepto de lo “natural”, en cuanto a sexualidad, es el que ha primado desde que Agustín de Hipona (354-430) impactó con esta idea en la cultura hasta el día de hoy. Él y muchos otros teólogos y padres de la iglesia, aseguraban que el sexo natural es el que se realiza solamente para la procreación dejando totalmente fuera el deseo y el placer.

En ICM, seguimos los preceptos de algunas teologías, como la feminista, que utiliza la clave hermenéutica de la sospecha, a la vez que denuncia las raíces de la opresión heteronormativa y conduce a una nueva comprensión de la realidad, inaugurando nuevos sentidos teológicos, antes ocultos bajo la represión, la censura, los perjuicios y clasificación de “pecados”.

Es una teología que busca rescatar la vida, que va más allá de la muerte, porque no se trata de la resurrección de los muertos de sus tumbas y cenizas, sino de abajo, de la gente oprimida que conoce diferentes muertes a diario: la muerte de la esperanza y los sueños.

Comulgamos, además, con la teoría queer, cuya epistemología desafía los postulados heterosexuales que están arraigados en la sociedad, las categorías de pensamiento binarias de oposición que usa el pensamiento heterosexual y el patriarcado y sus consecuencias para el pensamiento social y la cultura.

La teología queer hace suyo estos principios y los integra al discurso de la iglesia. Utiliza nuevas perspectivas afectivas, otras maneras de relacionamiento y de ser comunidad, que proceden de los grupos y temáticas excluidas en la institución religiosa. Por supuesto, esto enriquece profundamente la reflexión teológica, doctrinal y la eclesiología. No es una teología para pedir igualdad, sino para reconocer diferencias y que sean parte de la praxis.

Si Jesús el Cristo no es queer, entonces su mensaje de solidaridad y justicia es irrelevante. Si el Cristo no es queer, entonces el evangelio no es más que buena noticia para unos pocos, mientras que opresiva para otros y otras.

Si el Cristo no es queer, entonces la encarnación no tiene ningún significado para nuestra sexualidad. Esta es la particularidad de Jesús el Cristo, su identificación con los oprimimos, eso nos permite entender a Cristo como negro, queer, mujer, asiático, africano, un campesino sudamericano, un transexual judío, con tantas características como personas existan.

En nuestra denominación, hacemos una re-electura de los textos bíblicos que condenan la homosexualidad y que tienen la impronta de aquellos conceptos bíblicos, teológicos y éticos de la heteronormatividad. A la vez, buscamos los escritos donde encontramos relaciones homoeróticas, aquellos donde las “minorías sexuales” encuentran mensajes subversivos y lo que dijo Jesús acerca de la “homosexualidad”.

Me gustaría entrecomillar la palabra “homosexualidad” pues es un concepto que utilizan la mayoría de las traducciones y, sin embargo, no es una palabra utilizada en los tiempos bíblicos.  Aquí ya tenemos una de las equivocaciones.

ICM se apropia de las interpretaciones bíblicas desde una perspectiva exegética, o sea, desde el esfuerzo por aclarar el texto lo mejor posible en su contexto original de hace muchos siglos y, además, desde una perspectiva hermenéutica, que implica la relectura fiel de ese mismo mensaje en el contexto actual.

A los textos “condenatorios” le realizamos una correcta exégesis y hermenéutica, una adecuada interpretación y los analizamos en medio de su contexto histórico, buscando lo que el autor estaba criticando realmente y por qué lo hacía, lo que también se conoce como “lectura defensiva”.

Por ejemplo, rescatamos el texto de Rut y Noemí. Una historia bellísima de la narrativa hebrea que celebra el amor y la devoción mutua de dos mujeres en el período de los jueces, quienes desafían las leyes del pueblo hebreo que condenaban a los matrimonios mixtos -entre personas judías  y no judías- y la ley del levirato.

Estas dos mujeres idearon una manera para subsistir y tener descendencia y propiedad, pues ambas, sin hijos ni maridos, eran muy vulnerables en esa sociedad. Decidieron que Rut y el viejo Bozz se casaran, aunque el famoso “voto de compromiso” de Rut tan utilizado en los matrimonios heterosexuales, no era para su nuevo esposo, sino para Noemí.

La declaración de amor, que aparece en el capítulo primero de Rut, versículos 16 y 17, dice así: “No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde mueras moriré y allí seré enterrada. Que Yahveh me de este mal y añada este otro todavía, sino es tan solo la muerte lo que nos ha de separar”.

¿Cómo entendemos hoy la familia compuesta por Rut, Noemí y Bozz? Evidentemente, constituye un desafío al modelo familiar de esa época, así como las personas gay, bi, lesbianas y trans nos asociamos hoy de diversas maneras y desafiamos el concepto tradicional de esta institución.

Es importante aclarar que lo que dijo y enseñó Jesús de Nazaret –pilar fundamental de la fe cristiana- sobre las relaciones homoeróticas, no aparece en ninguna parte de los escritos bíblicos, aun cuando es imposible que en su contexto no conviviera con este tipo de relaciones tan comunes en el mundo greco-romano.

La heteronormatividad, los binarismos y el patriarcado atraviesan todos los espacios de la vida y la cultura, legitimándose en las instituciones estatales, así como también en la iglesia. La teología y hermenéutica queer provee a las iglesias una perspectiva crítica, y claves de lecturas para interpretar la sociedad, la teología cristiana y la Biblia.

Estas herramientas son muy útiles para elaboración de una eclesiología inclusiva de la diversidad sexual y de género, que cuestione profundamente el dualismo, el patriarcalismo y el heterisexismo, que han caracterizado históricamente a las configuraciones de las sociedades occidentales modernas –incluida la cubana-, a las teologías dominantes y sus interpretaciones bíblicas, y que a la vez que sugiere alternativas a estas. El proyecto de hacer queer a un texto bíblico es simultáneo con el de hacer queer al lector.

Esto es lo que intentamos en ICM, aunque estamos conscientes de que las categorías que dominan y excluyen son reproducidas por las mismas personas a las que afecta directamente. Es un proceso difícil y desafiante en el que hay que vaciarse completamente de toda teología aprendida y atreverse a la aventura.

¿Qué relaciones de género promueve Somos ICM en Cuba?

Nuestra propuesta parte de un proceso personal y comunitario de relaciones desde la dignidad y la ética del amor. No quiero parecer simplista a la hora de hablar de amor, por lo que trataré de explicar nuestra apropiación a este sentimiento.

Cuando hablo de un proceso personal me estoy refiriendo a ese encuentro en el que la persona tiene conciencia de quién es y cómo se ve con respecto a los demás. Por tanto, promovemos que las personas se sientan dignas y creación de Dios tal cual son, imagen y semejanza de Dios.

Es importante que en medio de nuestro encuentro con el otro y con la otra nos situemos desde la horizontalidad. En el imaginario de ICM no existen las escaleras a menos que sean para llegar a ser mejores seres humanos, más solidarios y menos egoístas. Nuestras agendas están atravesadas por la justicia y la equidad, de cualquier grupo o persona.

En la declaración de fe de nuestra denominación aparece: “Tú nos has hecho tu pueblo, una comunidad amada”. La noción de “comunidad amada” utilizada aquí, es una referencia a la frase atribuida al Rev. Dr. Martin Luther King Jr. y retomada por muchas otras personas. El uso del término del Rev. King, ha llegado a representar una comunión más amplia de búsqueda de la justicia, de las personas no violentas, que tienen igualdad en su esencia.

ICM también tiene este sentido de una comunidad amada, de una visión global en la cual todas las personas pueden compartir la riqueza de la tierra. En la comunidad amada, la pobreza, el hambre, la falta de vivienda ya no serán toleradas, porque los estándares internacionales de la decencia humana, no lo permitirán.

El racismo, junto con todas las demás formas de discriminación, la intolerancia y el prejuicio, serán reemplazados por un espíritu inclusivo de afinidad. Una expresión de amor ágape en la comunidad amada es el comportarse justamente, pues como Rev. King dijo a menudo: “La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia de cualquiera”. El sentido es que la justicia, no puede repartirse a los individuos o grupos, sino que es el derecho de nacimiento de cada ser humano en la comunidad amada.

Nos oponemos al patriarcado, a los binarismos, y a la heteronormatividad que enmarcan y violentan. Las personas de nuestras comunidades aprenden una nueva manera de relacionamiento basada en la justicia, la libertad, el amor y la radical inclusión.

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