“En el Proyecto Equilátero no existen los otros, sino nos(otros)”

Por Ailyn Martín Pastrana

En el Colegio Universitario San Gerónimo, sito en la Habana Vieja, sesiona mensualmente el Proyecto Equilátero, cinedebate que “pretende sensibilizar al público con las problemáticas asociadas a la diversidad cultural a partir de propuestas cinematográficas contemporáneas”, explica a Cubacine Rubens Riol, crítico de cine y conductor del espacio.

El Proyecto Equilátero está diseñado en función de un público heterogéneo, compuesto sobre todo por jóvenes de entre 18 y 35 años de edad, fundamentalmente estudiantes y profesores de carreras humanísticas y de ciencias sociales de la Universidad de La Habana. La cita cinematográfica tiene frecuencia mensual: el segundo lunes de cada mes durante el curso académico, siempre a las 5.30p.m.

Proyecto Equilátero, Cinedebate por la diversidad cultural

Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), la Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, la Muestra Joven ICAIC, la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, la Alianza Francesa de Cuba y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Según comentó Riol, exhibirá cine de todas las latitudes, coincidiendo con su slogan: “no existen los otros, sino nos(otros)”.

¿Cómo se inserta el Proyecto Equilátero en el programa cultural del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana?

En primera instancia considero necesario aclarar que el Colegio San Gerónimo es una facultad de la Universidad de La Habana.

Llamo la atención sobre esto porque al estar separada del Alma Mater suele entenderse como una institución ajena y no es el caso, aunque desde el punto de vista administrativo formemos parte de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

De ahí que el proyecto Equilátero encuentre acomodo dentro del programa extensionista del Colegio, al tiempo que constituye otra de las opciones culturales de La Habana Vieja. Por tal motivo, desde su inauguración en el pasado mes de marzo, las ediciones correspondientes alternan con las actividades previstas – durante este curso académico– por la Cátedra Honorífica Emilio Roig de Leuchsenring, a través de la cual se ha convidado a un grupo de especialistas a impartir conferencias magistrales sobre el devenir de la institución en vísperas de celebrarse la primera graduación de la carrera que se estudia en nuestro centro.

Resulta interesante la utilización que hacen del cine como pretexto, por decirlo de alguna manera, para generar el debate ¿Por qué específicamente el séptimo arte?

Cuando comencé a trabajar aquí en 2009, después de haberme licenciado en Historia del Arte con algo parecido a una tesis sobre cine cubano, la Doctora Leonor Amaro me sugirió, además de impartir docencia como profesor, ideara un proyecto audiovisual que funcionara como método de enseñanza alternativa, en tanto el programa de estudios de la carrera Gestión y Preservación del Patrimonio Histórico Cultural no contemplaba asignaturas de cine; de modo que a partir de esa iniciativa podría realizarme profesionalmente, llevando al mismo tiempo mis clases de arte y lo que durante un año fuera Rosebud –espacio de cinedebate.

Equilátero es un proyecto ambicioso y con un perfil más definido, que da continuidad a esa experiencia anterior; lógicamente, con la ventaja que supone el aprendizaje de haber enfrentado las opiniones más diversas durante el proceso de análisis y discusión de las películas. No obstante, lo que pudo parecer en algún momento consecuencia de un capricho estrictamente personal, demostró ser una vía efectiva para educar en valores.

Yo estimo que el cine, el audiovisual y los programas multimedia, en general, constituyen una forma más atractiva de captar la atención de la gente sobre temas muy específicos, lo cual permite –de forma oblicua y menos panfletaria– conseguir el ansiado efecto educativo que mencioné antes. Por ejemplo, Equilátero, pretende sensibilizar al público con las problemáticas asociadas a la diversidad cultural a partir de propuestas cinematográficas contemporáneas; y fomentar el espíritu de polémica, encaminado a lograr una participación más activa y consciente, que contribuya a fortalecer los lazos de comprensión y tolerancia con respecto a la diferencia cultural, cuyas expresiones particulares son también patrimonio de la humanidad. Lo cual resulta muy coherente con los intereses de la Oficina del Historiador y de una carrera interesada en la gestión y preservación del patrimonio cultural.

Debido a ello me pareció atinado diseñar el proyecto en función de un público heterogéneo, compuesto, sobre todo, por jóvenes de entre 18 y 35 años de edad, preferiblemente, estudiantes y profesores de carreras humanísticas y de ciencias sociales de la Universidad de La Habana como: Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico Cultural, Historia del Arte, Periodismo, Comunicación Social, Psicología, Letras, Filosofía, Historia, Sociología, Derecho y los estudiantes de la Facultad de los Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA), así como los miembros de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de la cual soy miembro, pues en definitiva son estos sujetos los actores sociales que cuentan con la preparación, la sensibilidad y el interés suficiente para que Equilátero se convierta en una práctica provechosa, sin desestimar, desde luego, a los miembros de la comunidad, ávidos de espacios de aprendizaje donde puedan además compartir sus opiniones.

¿Cuáles son las principales líneas temáticas que abarcará el espacio?

Desde el inicio valoré el tema de la diversidad cultural en su concepción más amplia –con toda la intencionalidad del mundo–, ya que me permitiría disponer siempre de algún material interesante y de este modo garantizar la longevidad del proyecto. En nuestro país, todo acto de segregación o violencia contra cualquier persona es condenable, injustificado e ilegal; incluyendo aquel que se sustente en bases claramente discriminatorias por motivos de raza o color, sexo, orientación sexual o identidad de género, idioma, religión, opinión política, procedencia nacional o posición económica, lo cual atenta contra la diversidad cultural, que contribuye a la cohesión social, la vitalidad de la democracia y la identidad de los pueblos, componentes todos, esenciales para el desarrollo.

Estos son los aspectos fundamentales que distinguirán las propuestas cinematográficas desde el punto de vista temático y argumental, haciendo particular énfasis en la migración, tema por excelencia del siglo XXI, fenómeno que alcanza tintes dramáticos en la actualidad ante el peligro inminente que representa para las culturas originarias la imposición de expresiones culturales hegemónicas, cuya consecuencia más nefasta sería la pérdida de la identidad y la puesta en crisis de la diversidad cultural.

No por gusto el cine contemporáneo, así como numerosos festivales y eventos cinematográficos de distinta naturaleza, tanto en Europa como en América Latina y los Estados Unidos, han dirigido la mirada hacia este fenómeno, proponiendo análisis sobre diversos temas que integran su universo como las dificultades asociadas a la convivencia intercultural, situaciones de fronteras, inserción en las sociedades receptoras, relaciones con el país de origen, a los que se suman prejuicios tan graves como la xenofobia.

Teniendo en cuenta el poder del cine como agente socializador que desde la cultura construye realidades e imaginarios, este proyecto pretende sumarse a otros espacios de creación que han dotado de rostro y voz a las minorías, generalmente excluidas del seno de las distintas sociedades, es el caso en nuestra capital del Cine Club Diferente, que dirige el colega Frank Padrón; del Seminario Puentes y más puentes: Latinos en USA, durante las ediciones cada año del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana; así como del concurso audiovisual Las Cámaras de la Diversidad, que patrocina la UNESCO. De esta manera podemos contribuir a impedir que los derechos sean vulnerados, mientras el cine será un medio para conocer y representar nuestras visiones del mundo, problemas e identidades.

¿Qué tipo de cine pretenden exhibir en el espacio?

Como te decía, un proyecto sobre diversidad cultural no puede darse el lujo de ser excluyente en ningún sentido; por eso estarán representados en el espacio tanto materiales de ficción, documentales y dibujos animados, cine de autor, independiente, experimental; lo mismo latinoamericano, asiático, europeo, africano o caribeño, lo importante es la calidad de las ideas, la seriedad de los filmes y el rigor del debate.

En la inauguración proyectamos la cinta española También la lluvia (2010), de Icíar Bollaín; seguida de Cous Cous, La gran cena (2007), del director franco-tunecino Abdellatif Kechiche –ambos largometrajes de ficción–; y en orden vendrán: Abusados: la redada de Postville y Habana muda, documentales guatemalteco y franco-cubano, respectivamente.

¿Tienen contemplado proyectar cine cubano? En ese caso, ¿invitarán a los directores?

Desde luego, ese es uno de los mayores atractivos y ventajas del proyecto. Lo digo con conocimiento de causa, pues en dos ediciones de Rosebud logré invitar a la primera actriz cubana, Alina Rodríguez, con motivo de celebrar el vigésimo aniversario del estreno de María Antonia (1990); y posteriormente al director Lester Hamlet, con parte del elenco y equipo de realización de su filme Casa vieja (2010), momentos de gran afluencia de público.

Lo mismo sucederá con Equilátero. Por estos días dialogo con Lizette Vila, directora del Proyecto Palomas, a quien le he propuesto exhibir algunos de sus valiosos documentales. Cuento, además, con cortometrajes de la Muestra JovenICAIC, algunos premios Las Cámaras de la Diversidad obtenidos por realizadores del patio; pero hay películas antológicas como La última cena (1976), de Tomás Gutiérrez Alea (Titón); y se me ocurre que podría invitar a Mirtha Ibarra; Lejanía (1985), de Jesús Díaz, que me interesa mucho por el tema de las contradicciones ideológicas entre distintas generaciones de cubanos, los que deciden quedarse en la isla y lo que viven en la diáspora. Nunca olvidaré un parlamento que desgrana el personaje de Isabel Santos en esa película cuando citando un poema dice –con desgarro y añoranza–: “demasiado habanera para ser neoyorquina, demasiado neoyorquina para ser, aún volver a ser, cualquier otra cosa”.

También resultarán apropiadas, en algún momento, Personal Belongings (2005), de Alejandro Brugués; Boleto al Paraíso (2010), de Gerardo Chijona; La Piscina (2011), de Carlos M. Quintela; o Irremediablemente juntos (2012), de Jorge Luis Sánchez; e invitarlos a participar del debate, y así con toda la producción audiovisual cubana por venir siempre que se ajuste al perfil del proyecto.

El gran problema radica en la amenaza que constituyen la televisión cubana, los cuentapropistas con sus “paquetes de la semana”, y las suculentas series extrajeras de todo tipo, así como el rabioso trasiego de películas vía USB y la comodidad para muchos que poseen computadoras –de no tener que salir de casa para ver cine– o cualquier otro aparato tecnológico de última generación.

La salvación o la diferencia están en que Equilátero brinda la oportunidad de socializar nuestros puntos de vista, esclarecer ideas que a veces no resultan del todo legibles, hacer catarsis y salir estremecidos con la convicción de que podemos convertirnos en mejores seres humanos, porque como reza el slogan de nuestro proyecto, llegamos a entender que “no existen los otros, sino nos(otros)”, y eso es más difícil lograrlo en solitario ¿no crees?

Publicado en www.cubacine.cult.cu

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